Aguas radiactivas

Aguas radiactivas

Las aguas radiactivas son aquellas que emanan radiactividad natural y desprenden partículas ionizantes gracias a su contenido en gas radón en cantidades por encima de los 67.3 Bq/L. Aunque su nombre de primeras puede causar cierto asombro, lo cierto es que se utilizan en técnicas termales porque no implican riesgo alguno para la salud, de hecho, aporta beneficios.

Y es que las aguas radiactivas se pueden utilizar para tratar problemas de estrés y psiquiátricos como ansiedad, del sueño o del estado de ánimo; tienen acción antiespasmódica, sedante y analgésica, y se usan también para procesos de asma y otros problemas respiratorios, patologías circulatorias, reumáticas y articulares. Asimismo, estas aguas mejoran la microcircualción en las personas con diabetes e incrementan la actividad tiroidea ya que poseen beneficios para el sistema endocrino, inmune y neurovegetativo.

En España existen varios balnearios especializados en este tipo de aguas, como son los de Graena y San Nicolás, en Andalucía; en Aragón, Termas Pallarés, La Virgen y Alhama de Aragon; Baños de Fitero en Navarra; El Raposo y Alange en Extremadura; Carballino y Caldas de Partovia en Galicia; Font Santa en las Islas Baleares y el balneario de Arnedillo en La Rioja.

Un poco de historia sobras las aguas radiactivas

Durante el siglo XIX aristócratas, nobles y reyes utilizaban los balnearios como centros de reunión. Bebían sus aguas, respiraban sus vapores, se bañaban en ellas… Aquellas personas con un menor poder adquisitivo podían adquirir en farmacias botellas de agua que tenían propiedades beneficiosas para salud, con etiquetas en las que se podía leer su composición química.

Marie Curie definió la propiedad física de la radiactividad y, tras ello, se apreció que ésta conseguía cicatrizar heridas debido al gas que expulsaban los minerales radiactivos; primero se llamó emanación del radio y, después, radón. Este gas se conservaba en recipientes pequeños y se aplicaba a los soldados que luchaban en la Primera Guerra Mundial, acercándolo a sus heridas abiertas para que sanaran.

Este descubrimiento hizo que mucha gente quisiera curar sus males a través del efecto de este gas. Surgieron alimentos radiactivos, cosméticos y tratamientos de inhalación de gases o con lodos. Y los balnearios se unieron a esta corriente con sus aguas minerales. Estas aguas provienen generalmente de zonas volcánicas donde la lluvia se filtra, diluye algunos minerales y, posteriormente, resurgen. En estos lugares existen minerales radiactivos con el gas que los procesos naturales nucleares ha ido desprendiendo y que se puede disolver en el agua o mezclase con el gas carbónico del agua, otorgando a las aguas todas esas propiedades y beneficios radiactivos.

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